16/09/2026 - VIDA & OBRA
El legado activo de Gastón González, referente del rock gospel

La tenacidad es, sin duda, el sello distintivo de Gastón González. No se trata de un elogio al azar; el virtuoso de las cuatro cuerdas, pieza clave en las reuniones dominicales de River Church, cuenta con casi cuarenta años de experiencia en los escenarios. En este breve repaso, el músico rememora sus orígenes, su madurez artística y un presente que lo posiciona en la cima de la escena musical y de la producción en América Latina.




El oeste bonaerense fue un verdadero semillero de rock durante la década de 1990. De allí emergió Séptimo Sello en 1994, una banda de pop rock que dejó su huella con el lanzamiento del casete “Puerta de Escape”. El proyecto estaba comandado por los hermanos Gastón y Pablo González: el primero aportaba la visión de producción y la identidad sonora desde el anonimato del estudio, mientras que el segundo ponía la cara al frente del escenario.


 


Por Cecilia Molina



Para Gastón, la música no fue una elección posterior, sino una constante vital. Comenzó cantando a los 6 años en la iglesia y a los 10 ya dominaba las bases de la batería, la guitarra y el bajo. El gran hito llegó a sus 14 años, cuando fundó el grupo junto a Pablo y grabó su primer material. Ese contacto inicial con las consolas y los micrófonos lo marcó para siempre, sembrando una fascinación por la producción musical que superó su amor por tocar en vivo.



Hoy, Gastón es la cara visible en el escenario que comanda Dante Gebel cada domingo en River Arena y además, es parte imprescindible en cada detalle de la producción que el mediático predicador dirige, tanto en su reducto de Los Ángeles como en los medios de comunicación en los que transita y los estadios y teatros que suelen presentar lleno total cada vez que se presenta.



Sin embargo, desde aquellos inicios con Séptimo Sello hasta esta labor con Gebel, ha transcurrido mucho tiempo. Intentando reconstruir esa línea de tiempo, Gastón comienza su recorrido por los recuerdos evocando el memorable Superclásico con Dante Gebel en el estadio Vélez. “En el año 2001, luego de hacer toda una temporada de ‘El show de Dante’ en radio, surgió la idea de formar parte de ‘Misión Rec’, en el famoso Teatro Astros, de Buenos Aires. Nuestra amistad crecía a la par de los desafíos, de no solo producir música de manera convencional, sino música para radio, luego para shows teatrales, y en el año 2003 llega el primer gran desafío de hacer la producción musical de ‘El Superclásico’ de ese año, lo que me ubicó entre destacados arreglistas y productores musicales a nivel local e internacional. Dirigir la banda, cantar y tocar esa noche fue apenas el comienzo de todo lo que vendría, pero la guardo en mi corazón, como unos de los momentos más significativos de mi trayectoria”.


 


Lo que pasó después ya es historia. Gastón no sólo brilló bajo los reflectores en los próximos superclásicos, sino que fue el motor oculto en la producción general de uno de los eventos culturales más grandes de la región. “A partir del show de 2003, vinieron los de 2005, 2011, 2013 y El Salvador 2019”, explica Gastón. “Tuve el privilegio de estar a cargo de la producción musical de todo ese ciclo. Cada edición superaba a la anterior en exigencia. Mezclamos distintos ritmos, incorporamos tecnología audiovisual de vanguardia y compartimos proyectos con artistas de renombre mundial. Gracias a la magnitud de estos shows, pude expandir mis ideas sonoras y proyectar mi carrera de forma masiva”.


 


La vida de Gastón siempre estuvo emparentada con la música. Se podría decir que los escenarios, los estudios de grabación, las salas de producción, son su segundo hogar. Pero lo primordial en su vida es el acompañamiento de su familia. Su esposa Bettina y sus hijas adolescentes son ese motor que sacan lo mejor de Gastón, quien no escatima elogios al hablar de esa contención imprescindible: “Este camino lleno de ilusiones y metas no habría sido una realidad sin el cariño y respaldo absoluto de mi esposa Betty, con quien comparto casi 25 años de matrimonio, y sin nuestras dos mayores bendiciones, Julieta y Lucía, de 20 y 16 años. Mi trayectoria me ha enseñado que ningún obstáculo es insalvable cuando cuentas con el apoyo de una familia dispuesta a todo por impulsarte a cumplir el propósito de Dios. El futuro nunca viene con certezas, pero de algo no tengo duda: siempre que permanezcamos unidos, saldremos adelante”.




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